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Lunes, 08 Mayo 2017 19:39

Mitos y Leyendas de Ciudad Bolívar: El Palo de la Antigüedad

Escrito por  Redacción GenteNoticias
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Palo De La Antiguedad Palo del ahorcado

Entre los mitos y leyendas que hacen parte de la tradición y de la cultura popular de Ciudad Bolívar, se encuentra el Palo de la Antigüedad, más conocido como “el palo del ahorcado”.

Curiosamente, es el único árbol de la zona. Tiene más de 10 metros de altura; se levanta imponente y majestuoso en lo más alto de la colina que hoy es Potosí, abriendo sus ramas como páginas doradas para narrar múltiples historias, unas llenas de soledad, otras tantas en busca de tranquilidad y según la comunidad, muchas con un tinte fatalista. Se dice que cada Semana Santa, miles de feligreses católicos en procesión arriban a la zona, con un único objetivo… dejar allí sus culpas.

Puente del Indio Ciudad BolìvarEn un principio estas tierras pertenecieron a nuestro hombre primitivo Muisca, siendo este territorio uno de los centros más importantes donde se rendía culto al agua, en la laguna de Taitazipa (laguna de terreros) hijo del cacique Tibanica. Prueba de ello, es el imponente Puente del indio, en Arborizadora Alta, que era usado como sistema de acueducto para encausar el agua hacia la sagrada laguna, configurándose como uno de los más imponentes e importantes lugares en la localidad e imperdibles para visitar.

Cuenta don Santiago Guzmán, antiguo poblador que llegó a la zona con el éxodo campesino de la región de Chiquinquirá (Boyacá)en el año de 1932: “Antes la vida era silvestre; las grandes haciendas tenían como límite grandes murallas y mojones de tierra”. Don Santiago siendo muy joven vivía con sus padres José Ignacio Guzmán y su madre en la finca la Carbonera, a mediados del año de 1.938, allá en lo más alto de la montaña.

Don Pablo Mayorga junto con María y sus pequeños hijos; vivían solitarios en lo que es hoy Ciudadela Sucre (Soacha). Un día el diablo se metió en el matrimonio, relata don Santiago Pablo, profundo enamorado de su comadre Ernestina, quien era la madrina de uno de sus hijos. Sucedió que María, desconsolada un día desapareció, llevándose consigo a sus pequeños, por su parte, Pablo se sintió repentinamente muy atraído por su comadre, quien sufría de extremada belleza; su gracia la llevo a conquistarlo irremediablemente, al poco tiempo ya vivían juntos en la casona que quedaba muy cerca del eucalipto de la antigüedad.

Cerca al árbol, esta vieja construcción asomaba a la historia, prometía ostentar grandes leyendas; cosas sin explicación sucederían al interior de sus muros blancos, grandes y robustas tomateras imprimían una sensación de movimiento, los animales disfrutaban corriendo en estos grandes campos, mientras salían chorros de humo que se perdían en la inmensidad. Por varios años la pareja de compadres, ahora arrejuntaos, eran felices enamorados, dando vida a cinco hijos.

Por su parte, los vecinos sentían mucho miedo y no se acercaban a ellos, porque les podría sobrevenir una maldición, ya que el cura de la Iglesia donde solían asistir, había excomulgado a la nueva pareja. A mediados del año 38 el diablo aparecía en las noches borrascosas; se escuchaba una jauría de perros arrastrando cadenas por los peñascos y a muchos pobladores les dormía la lengua dejándolos casi muertos de espanto, continúa relatando don Santiago.

Mìtico Palo del ahorcado o Palo de la AntiguedadUn mal día, los lamentos de Ernestina se escucharon con eco lastimero en las colinas circundantes; la gente salió a averiguar lo que pasaba. Ernestina estaba como poseída, loca; aullaba como un perro y nadie comprendía lo que pasaba; ella lloraba, se arrastraba y maldecía contra el mundo. Dijo que a su marido se lo había llevado el "putas", repetía una y otra vez que su cómplice de aventuras había salido a orinar y no aparecía por ningún lado.

Algunos hombres fueron en la búsqueda de Pablo y lo encontraron en una hondonada entre unos zarzales, con marcas tenebrosas de zetas, eses, figuras raras y con los ojos desorbitados; recogieron el cadáver y le dieron cristiana sepultura. Todos sentían miedo; eso era obra del mismísimo diablo, él que se lo había cargado para el otro mundo por desobedecer a la santa madre Iglesia, decían, pues este sacrílego acto, era castigado con la excomunión, sentencia proferida tiempo atrás por el sacerdote de Bosa: "Los compadres que vivan en concubinato son maldecidos y no pertenecen a la Iglesia".

Una noche, la presencia del diablo se sintió en toda la comarca; soplaba un viento terrible, las ramas de los árboles se mecían anunciando un hecho atroz y el ruido de una jauría de perros se hizo más sonoro. Los pelos se erizaban, la lengua se adormecía y la gente quedaba pasmada; esa noche Lucifer se llevó a Ernestina; ella, agarró un lazo y fue y se ahorcó en el palo de la antigüedad sin importarle la vida de los hijos que dejaba. Uno de los pequeños fue quien avisó a los vecinos diciéndoles: “mi mamá se murió ahorcada, está colgando las patas en el palo al lado de la casona”.

Desde entonces se le llamó “El palo del ahorcado”. Lo raro -comenta don Santiago-, es que al árbol no se le caen nunca las ramas y permanece allí desde hace más de setenta años, convirtiéndose en una de las tradiciones orales de la que es hoy la localidad, considerado incluso patrimonio cultural de Ciudad Bolívar.

Parte del terreno aún pertenece a la familia Cobos y corre el peligro de ser invadido. Muchos de los habitantes cuentan otras historias de ahorcados en el mismo árbol, sin embargo, este es el mito más cercano a la realidad, contado por Santiago Guzmán y socializado en el ámbito local por la historiadora Blanca Pineda.

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