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Jueves, 20 Abril 2017 11:05

Ember Estefenn, el profe que me cambió la vida

Escrito por  Redacción GenteNoticias
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Ember EstefennFederico Gómez Lara, exalumno del Colegio Gimnasio Sabio Caldas, en Arborizadora Alta, Ciudad Bolívar, es hoy en día, un columnista reconocido de la revista Semana; con un sentido homenaje, habló en su último escrito del que considera su “maestro”: Ember Estefenn, el profe, el “parcero”, el coordinador de disciplina y rector, que supo ayudar a cambiar su vida y la de miles de estudiantes.

Pero, ¡vino la tragedia! El profe de 45 años de edad, falleció en un trágico accidente: -debido a las fuertes lluvias, una inmensa roca se desprendió de la ladera en la vía Bogotá – La Mesa y cayó súbitamente sobre la buseta en la que se movilizaba el pasado 27 de marzo. Junto a él, otras tres personas perdieron la vida. Ember deja una viuda y dos pequeños hijos y cientos, miles de discípulos.

“El Parcero”, como Federico le decía, “era un maestro que aunque exigía al máximo y nos metía en problemas si no había resultados; también nos hacía sentir especiales, nos oía con atención y nos mostraba con una frase sabia el camino de la vida”.

Federico Gómez Lara, Columnista Revista SemanaGómez dice que Ember, fue decisivo en escoger un camino diferente: “fue un hombre que dedicó cada minuto de su vida a luchar por nuestros niños” y es que según el columnista, uno de los problemas más profundos que tiene el país, es su desatención. “Ellos han sufrido con más dureza las inclemencias de la guerra, el abandono, la pobreza y la falta de afecto de sus padres”.

Federico nos contó cómo el domingo en la mañana abrió su portátil y fue ahí cuando se enteró de la noticia. Apresurado, agarró el celular para llamar a sus papás y contarles lo sucedido. “Empezamos a recordar lo importante que fue Ember en la vida de tantas familias, y a reflexionar sobre el inmenso impacto que tuvo en el futuro de los niños; entre ellos, el mío”.

“Yo fui uno de los miles de niños que tuvimos la fortuna de conocer y aprender de este maestro”, relata Gómez. En el 2004, ante la mirada temerosa de los estudiantes, en una reunión general del colegio fue presentado como el nuevo coordinador de disciplina. “Nos daba pánico. Daba miedo porque lo veíamos muy serio. Era estricto. Un profesor “cuchilla” y que para colmo, fue asignado como director de grupo de mi curso”, añade.

Durante ese año, unos lo apreciaban y otros lo detestaban. Hábilmente el profe “siempre nos ponía a prueba, y se ingeniaba la manera de sacar siempre lo mejor de nosotros. Nos enseñaba a entender que podíamos dar más, que hacer algo bueno no era suficiente, si se estaba en capacidad de hacer algo excelente”, relata con nostalgia Federico.

Al preguntarle al columnista sobre lo que más destacaba de Ember, no vacila en responder: “admiraba mucho su memoria prodigiosa: En el Sabio Caldas estudiaban más de mil estudiantes, y él, tenía la capacidad de aprenderse el nombre de cada uno, los nombres de los papás; sabía los problemas que había en nuestras casas, también las fortalezas y limitaciones de todos. Cada vez que me llamaba a su oficina de paredes naranja, yo entraba muerto del susto y salía pensativo, pensando. Siempre me hacía reflexionar”.

Pensaba en cómo Ember había cambiado la comodidad, los prados, los frondosos y bien cuidados pinos del Gimnasio Moderno por las escarpadas montañas como las nuestras, y nuestros problemas; me inquietaba mucho en cómo una persona de allá, del norte, venía al sur como rector del Sabio Caldas, y de cómo no se limitó a ser un simple funcionario más, sino que decidió ser un factor de cambio para esta comunidad.

Ember, con sus estudios de medicina, psiquiatría y una maestría en educación, “ante todo, para mí, supo también ser un ángel, pues logró no uno, sino muchos milagros; y supo cambiar todo lo que pasaba a su alrededor”, añade Gómez. Era común encontrarlo sentado en las escaleras que daban al segundo piso, hablando con los estudiantes durante horas; verlo en la cafetería oyendo los problemas de los más grandes y hablaba con los papás; los aconsejaba, los guiaba e intentaba hacer de sus familias un mejor entorno para crecer.

Uno de los resultados admirables, -recuerda Gómez-, es que logró concientizar tanto a niñas como a jóvenes sobre su sexualidad: ¡Los embarazos adolescentes y no deseados se redujeron ostensiblemente durante su paso por el colegio! Después de conseguir un cambio nunca antes visto en la localidad, y con la satisfacción del deber cumplido, este maestro de la vida asumió la Dirección de Infancia y Adolescencia del Bienestar Familiar.

Muchos de nosotros lo recordamos entrañablemente y eso nos motivó a ir a despedirlo. Como homenaje a su memoria, su espíritu, sin duda nos invita a reflexionar profundamente en nuestra razón de ser, de existir y preguntarnos ¿Qué sería del país si tuviéramos más profes como Ember? ¿Si existieran más personas que dedicaran su vida entera a servir a los demás, a enseñarnos a sacar la mejor versión de cada uno de nosotros y a ayudar a otros a que lo sean?

Su esencia aun acompaña la comunidad de Ciudad Bolívar. A los centenares de estudiantes a quienes inspiró con su visión de cambio, quienes hoy, emulan trabajando en organizaciones de base o simplemente como Federico, a través de sus columnas de opinión, buscando desarrollar también un cambio social.

“Lo que más duele de la pronta partida de Ember es pensar en todo lo que dejó de hacer, en las cosas que habría alcanzado este guerrero incansable que logró que cambiáramos el chip y que en cambio de armas, usó el escalpelo de la palabra, la terapia clínica del ejemplo y hábilmente la pedagogía para que aprendiéramos a ser personas felices”, concluye Gómez.

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